Aquí se leen (o se solían leer) los ejercicios de escritura automática de un tipo al que le encanta levantarse tarde... pero no puede.

Encontrarte una moneda y gastarla de inmediato en un cigarrillo que no te fumarás

Coleccionar recortes de prensa y guardarlos en cualquier bolsa imaginando que las frases podrían componer historias mejores que las tuyas pero archivarlas en un cajón que nunca abrís. Dirigirte indiferente a la vecina de tu amigo y contarle en tono grave ciertas complicaciones de salud que sólo a él le atañen. Jugar a lustrarte los zapatos con la bota de los pantalones de tus compañeros de vagón en un metro de seis y media de la tarde. Arrojar un libro nuevo desde la ventanilla de un carro sin importarte nada que en diez minutos haya sido reducido a un amasijo de hojas empolvadas. No distinguir entre la cara de uno u otro ser humano por un rato y suponer que todos son viejos conocidos. Comprar un par de kilos de solomo extranjero y pasearlos por un parque apacible afilando una navaja como quien no quiere la cosa. Desintegrar con un silbido la ilusión y tomar un taxi de repente. Ver llover hasta que todo se te olvide. Informarle a la central de policía que un pedazo de papel no ha parado de dar vueltas hace más de media hora en un remolino que lo tiene arrinconado en la calle tal con la carrera tal. Inclinar tu cuerpo en una venia agradecida ante cada nueva cara que te alegre. Y pedir la hora con susurros a las ancianitas que paseen perros mansos. Vivir así. (Escritura: 5’33”. Edición: 4’12”)

4 entusiastas que decidieron alimentar la máquina:

Lucas Vargas y Sierra dijo...

Correr descalzo cada vez que llueve en Miravalle. Subirse a un árbol para mirar desde arriba a los bomberos que intentan bajarte. Derrapar por las Palmas en patines un domingo en la mañana -lo difícil es la subida. Acudir al velorio de un desconocido y consolar a la viuda. Tirar un avioncito de papel en el que va escrito tu mejor poema. Quemar con el cigarrillo la sombrilla para que se cuelen las gotas y no se ahogue el humo. Jugar rayuela sin tener una rayuela pintada. No dejarse coger por la propia sombra: correr como un poseso. Acostarse al lado de un mendigo para compartir el Pielroja. Fumar dos o tres veces al año, nada más porque da cáncer. Meterse a donde el Segoviano para que te lean la mano y te digan que vas a morir joven. Comprar un yoyo porque unos niños te dijeron "señor" y no te querés sentir viejo. Coquetearle a una completa desconocida sin que esta te guste. Vivir así.

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Esto de la automática está como soyado. Procuraré seguir haciéndolo. Alegría.

PADRE RESPONSABLE dijo...

Jajaja! Excelente relevo Lucas! Integraré varias acciones a mi credo. La de la sombrilla, la viuda, el Segoviano y el Yoyo, por ejmplo, son pa' ya... (Y dale, pegale a la automática, es salud...)

Lucas Vargas y Sierra dijo...

Hermano, debo admitir que he fallado en eso de la automática, se me hace muy difícil el estado de "desatención". ¿Algún consejo?

Un abrazo

PADRE RESPONSABLE dijo...

Es difícil, y en el fondo uno se niega a hacerlo. Yo la verdad rara vez lo logro, pero se hace lo que se puede. Aparte de la instrucciones que se leen en el fondo de esta página, no puedo agregar mucho... Igual, dicen que eso de la práctica es culpable de haya tantos maestros...